Arkham (c) Norm Breyfogle


Pues para esto, haberte quedado en casa

15 July, 2006

Escrito por Grendel | Categorías: Reseñas, Adaptaciones a cine

El jueves pasado vi la última, y esperemos que no definitiva, encarnación fílmica de Superman en Superman vuelve, de Bryan Singer. Esperaba más, mucho más, de la que pensé que iba a ser la película del verano, la película que iba a convertir a mi superhéroe favorito en un icono aún mayor.

Me equivoqué.

Antes de que sigáis leyendo, habéis de saber que esta reseña contiene los inevitables spoilers. Si queréis ver la película y sois de los que no soportáis que os destripen las sorpresas (aunque francamente hay pocas en la cinta), no sigáis leyendo.

Bien, si seguís por aquí, vamos a ello. Voy a quitarme un peso de encima nada más empezar y es la inevitable comparación con la primera película de Superman, de Richard Donner en 1978. Y sí, es cierto, esta película es un justo homenaje (en ocasiones es prácticamente un remake) de aquella, la que dicen que es la mejor película de superhéroes jamás hecha. Y aquí es donde, para variar, debo desviarme de la opinión establecida y deciros que, en mi modesta opinión, el Superman de 1978 es una película ampliamente sobrevalorada. Pero me estoy adelantando.

Lo primero, lo positivo. En ambas películas, lo mejor con mucha diferencia con el resto de la producción, es el actor seleccionado para interpretar al héroe. Recuerdo que la película original tenía como frase publicitaria "¡Creerá que un hombre puede volar!" cuando, como según dice Peter David, la frase debería haber sido algo como "¡Creerá que un hombre puede engañar a todo el mundo con unas simples gafas!". El acierto de Christopher Reeve al interpretar a Superman era doble: por un lado la impresionante dignidad y gravitas que imprimía al personaje cuando llevaba capa y los calzoncillos por fuera (y coincideréis conmigo en que es algo difícil de hacer) y por el otro la torpeza y el despiste, tremendamente cálidos y humanos, al llevar gafas y traje. Brandon Routh es capaz de hacer casi lo mismo con el personaje, y tanto su Superman como su Clark Kent están muy bien medidos e interpretados. Claro que, como dijo Newton, Routh está a hombros de un gigante: Reeve marcó para siempre cómo debe interpretarse al Hombre de Acero en el cine. Si acaso tengo alguna queja en este sentido, es que Routh tiene un tinte irreal cada vez que se pone la capa, debido al filtrado de efectos especiales para aumentar su musculatura en esas tomas, eso cuando lo que vemos no es directamente un modelo digital. Y se nota.

Christopher Reeve Brandon Routh
Un (super) hombre de los de antes. ¿A que parece un anuncio de Gillette?

El resto de puntos a favor de la película son meramente técnicos: diseño de producción y vestuario, efectos visuales y demás. La banda sonora se limita a calcar directamente de la original de John Williams en los momentos cumbres y a pasar completamente desapercibida en el resto, así que bien. No creo que nos pudiéramos acostumbrar a un tema de Superman distinto, así que eso ha sido otro acierto.

Vamos con lo malo. Tengo dos quejas principalmente con Superman vuelve: el guión… y Lex Luthor.

El guión es básicamente soso: la principal amenaza para el planeta (bueno, para los Estados Unidos, pero ya sabemos que vienen a ser lo mismo) es que Lex Luthor, usando unos cristales que ha robado de la Fortaleza de la Soledad aprovechando que el dueño estaba de vacaciones va a construir terreno edificable enfrente de la costa Este y pretende hacerse rico vendiendo chalets. Como lo leéis. Dichos cristales, no se sabe bien ni cómo ni porqué, al contacto con la superficie de nuestro planeta tienen una reacción que los hace crecer como un soufflé. Armado con dicho conocimiento y los cristales, Luthor pretende (y consigue en parte) irse con un barco a algún punto del Atlántico Norte, echar un cristal al agua y ver cómo crece una nueva Atlántida en medio del océano. Como explica el propio Luthor, esto creará una gigantesca ola que se tragará la práctica totalidad de los Estados Unidos continentales, pero eso a él nole preocupa: piensa que en el nuevo terruño que ha construido podrá edificar viviendas de lujo para venderlas y hacerse (más) rico. Y digo yo, ¿a quién pretendía venderlas? Y digo yo, aún no habiendo Superman, ¿quién impide a la Sexta Flota que bombardee el terruño de Luthor hasta hacerlo plano? Y digo yo, si la principal ambición de Lex Luthor es vender chalets, ¿por qué no funda una inmobiliaria?
Al menos, en la película original, el plan de Luthor era mucha más claro: o me soltáis una cantidad ingente de pasta u os tiro chorrocientos megatones a la cabeza.

Luthor: ¿qué has hecho para merecerte semejante maltrato? En los tebeos, Luthor es un megalománo que se cree dueño de Metropólis hasta que un advenedizo inmigrante viene a quitarle su ciudad. Encima es todo lo que el propio Luthor no es: joven guapo y atlético. No es difícil imaginar a un Luthor adolescente y empollón siendo constantemente vejado por el capitán de fútbol de su instituto, coreado por las risas de las animadoras cuando humilla al raro de Luthor. No es difícil imaginar al Luthor adulto reviviendo esa figura torturadora en este alienígena alto, fuerte, guapo y popular. Alguien que es aquello que Luthor nunca podrá ser, no importa el dinero que tenga. Ese hombre, ese super hombre (que irónicamente no es un hombre) debe a toda costa ser eliminado. El sueño de Luthor antes de Superman es ser el dueño de Metrópolis, para empezar. El sueño de Luthor después de Superman es eliminarlo. A toda costa. No como paso previo a la consecución de algún estúpido plan inmobiliario, sino como fin en sí mismo.

Creo que existe una regla no escrita en el cine: el malo no debe ser al mismo tiempo el alivio cómico. No funciona, por eso muchos villanos tienen a su alrededor algún sidekick para que cumpla esas funciones. Sí, Gene Hackman tenía a su lado a Ned Beatty; pero eso no era un villano teniendo al lado a un compañero cómico que alivie la tensión de su villanía en el público: ésos eran Abbott y Costello. El único villando de la historia del cine que puede ser a la vez alivio cómico es también de tebeo: el Joker. Es el único caso en el que la combinación funciona. ¿Os imagináis a Darth Vader diciéndole chascarrillos al Emperador, o dando saltitos de alegría porque ha capturado a la escoria rebelde? Pues eso.

No sé de quién es la frase que dice que la medida de un hombre son sus enemigos. Si es cierto, pobre Superman fílmico.

Mi propuesta para una futura nueva entrega es que se continúe con los actores, pero que se olviden de la herencia de las películas anteriores (como tan acertadamente hizo Cristopher Nolan en Batman Begins, a ver si saco un rato para reseñar esa película, muy superior a ésta) y le hagan más caso al material de base, que no es la película de Richard Donner, sino los tebeos de Superman. De acuerdo que Donner quiso imprimir verosimilitud a la primera entrega pero, ya que estamos aceptando que el protagonista es un alienígena súper-poderoso, ¿por qué no puede haber otros? Un Doomsday, un Darkseid, un villano con peso y entidad, que haga pensar al público que Superman va a pasar un mal rato antes de hacerse con la inevitable victoria. Ya que no saben hacer bien a Luthor, que lo dejen tranquilo.

V de Vendetta

18 April, 2006

Escrito por Grendel | Categorías: Reseñas, Adaptaciones a cine

Bueno, pues habrá que pasar de ser el único blog de tebeos que no comenta V de Vendetta a ser el único blog de tebeos con dos comentarios distintos de V de Vendetta. Impresionable que es uno.

Para la correcta lectura de esta reseña, os voy a pedir un pequeño esfuerzo, un ejercicio de imaginación. Imaginaos por un momento que no existe ese tebeo llamado V de Vendetta, creado por Alan Moore y David Lloyd. Imaginaos que el fin de semana pasado se estrenó una película original de los hermanos Wachowski llamada V de Vendetta.

Porque, oh Dios mío, voy a reseñar (al menos en la primera parte de la entrada) una película basada en material ajeno centrándome exclusivamente en la película, sin considerar de dónde sale ni si ha triunfado o fracasado en el empeño adaptativo. Voy a reseñar a la película en base a sus propios méritos. Y si me lo permitís, me van a importar tres leches las opiniones de cierto señor inglés y barbudo, creador de la obra original1 pero que, albricias, con la película que voy a reseñar no tuvo absolutamente nada que ver. Qué cosas.

Qué descaro el mío. Cuanta arrogancia.

Ya que hablamos de enfoques radicales, os diré en confianza que V de Vendetta es una película. Es cine. Y además es cine actual, para bien o para mal se ha hecho ahora en 2006; no es de la década de los 50, 60 o 70. No es John Ford, no es Truffaut, no es Bergman. Por lo tanto, el lenguaje visual de la película es todo lo actual que quiere (y mucho más contenido de lo que podríamos haber esperado) y sus métodos de publicidad y mercadotecnica son los acordes a los tiempos en que vivimos.

El párrafo anterior, patrocinado por Perogrullo, es algo que es muy claro y evidente para casi todos. Y digo casi por que algunos, a estas alturas, van y se rasgan las vestiduras porque una película utilice todos los medios a su alcance para promocionarse. O quizás sea porque no soportan ver trivializado o mercantilizado el concepto de revolución. Pues a buenas horas llegan.

Pero a lo mío, que me pierdo. V de Vendetta es una película radical; casi, casi subversiva, muy oportuna y tremendamente valiente. Y por supuesto que podría haber sido más radical, más subversiva (aunque creo que no más valiente) si fuera una película turca dirigida por un señor de bigotes muy querido por su madre y dos críticos franceses. Newsflash: esas películas no las ve nadie, salvo el director, su madre y los dos críticos franceses. Para bien o para mal, hoy El acorazado Potemkin sería un fracaso absoluto de taquilla.

Es una película radical. Todo lo radical que se puede ser, y un poco más, en los tiempos que corren. Por varias razones, y no todas tienen que ver con el argumento de la película. Por un lado, tenemos a un protagonista que es un terrorista, confeso e irredento. Es una persona que pone bombas en edificios públicos, importándole muy poco a quién se lleva por delante, para conseguir sus objetivos políticos. Oh, por supuesto que podemos maquillar la realidad y llamar a V un luchador por la libertad. Exactamente lo mismo que hacemos fuera de las películas: los miembros de la resistencia francesa fueron luchadores de la libertad, los de la irakí son terroristas. Los métodos son muy similares, al igual que la motivación y los objetivos, pero unos merecen un apodo y otros, otro. Como dijo Roosevelt: "Será un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta".

Hacer que el protagonista de una película mainstream norteamericana, en los tiempos que corren, sea un terrorista es ser radical, sí. Pero no sólo eso: teniendo en cuenta el nivel cultural medio de los asistentes al cine hoy en día (no hay más que oír los comentarios de los espectadores al final de cualquier película medianamente complicada, como por ejemplo ésta que nos ocupa o Memento); el parlamento de presentación de V es todo un alarde de virtuosismo. El hecho de que la película soslaye quién narices es realmente V, que sea lenta, que tiene dos peleas (contadas), que la mayor parte de su metraje consista en peroratas revolucionarias o tramas detectivescas, la alejan bastante del repetitivo esquema al que Hollywood nos está (mal)acostumbrando de un tiempo a esta parte. Pero hay un detalle que la aleja años-luz de dicho esquema y que la hacen una obra casi revolucionaria: el protagonista muere. No sólo muere, sino además muere sin haber cumplido su propósito. Sin saber realmente si va a conseguir volar el parlamento o no. Que le pregunten a Tom Cruise si esto es revolucionario en el cine actual norteamericano.

Es una película subversiva. Y vuelvo a incidir en lo anterior: por supuesto que podría haber sido mucho más subversiva, que podría ser mucho más panfletaria, que podría ser más cruda, descarnada y lo que queráis. Pero ante todo es una película norteamericana, que busca entretener a la mayor cantidad posible de gente (ergo, que la mayor cantidad posible de gente pase por taquilla); y por lo tanto tiene que realizar alguna concesión de cara a la galería. Pero el mensaje principal está más claro que el agua, y de diluido nada: El pueblo no debería temer a su gobierno, el gobierno debería temer a su pueblo. Ahí, en primera plana, como slogan de la película en la cartelería principal, nada menos. Imaginaos, si podéis, la Norteamérica de Bush, Cheney, Rumsfeld y Ashcroft inundada de carteles con semejante frasecita. Precisamente ellos, que han hecho del miedo su mayor arma.

Es una película oportuna y valiente precisamente por lo ya mentado. Porque, al igual que el cómic original era una crítica contra el establishment Tatcher en la Inglaterra de los ochenta (cosa que por cierto Jamie Delano hizo después más sutilmente con su Hellblazer); la película es un nada disimulado ataque a los Estados Unidos del Terror de Mr. Bush.

La vergonzante administración actual de los USA, que no ha sabido utilizar más argumento para perpetuarse en la poltrona que una quijotesca (por lo imaginaria, que no por lo gallarda) lucha contra el terrorismo internacional, ese coco, ese moderno hombre del saco que sólo sirve para asustar a tus contribuyentes y proporcionarte excusas delante de los mismos. ¿Quiero invadir un país (o dos, o tres) porque me sale de los escrotos? Los relaciono con los terroristas. ¿El paro y la inflación son los peores desde Carter? Subo el nivel de alerta en el Homeland Security y arreglado. ¿Quiero poner escuchas ilegales en las comunicaciones de la gente, sin necesidad de que un juez me dé permiso? Invoco a la Seguridad Nacional. Como mis conciudadanos están atemorizados, primero por un ataque real, y luego porque machaconamente les he ido repitiendo la posibilidad de más; piensan primero en su seguridad que en su libertad, sin acordarse de Benjamin Franklin2 y están dispuestos a ofrecer lo que haga falta a un gobierno con tal de que le proteja del coco que ese mismo gobierno ha estado alimentando. El mismo señor barbudo con bigote, creador original1, admitía años después de la primera publicación de V de Vendetta que fue un ingenuo al escribirla porque pensó que se podría sobrevivir a un ataque nuclear. Los Wachowski no han sido nada ingenuos al pensar que de una situación como la actual en Estados Unidos se puede llegar a un estado totalitario.

La película, cierto, tiene agujeros lógicos y defectos. En un estado policial, dos detectives aislados como único recurso para encontrar a un terrorista que ha demostrado que va muy en serio y que es muy peligroso, se antojan como muy escasos recursos de investigación. Pero en el tebeo original tampoco vemos mucho más. El asunto de las chorrocientas mil máscaras enviadas por mensajería también chirría que da gusto, y hubiera tenido mucho mejor arreglo (y mayor impacto) si hubieran sido fabricadas clandestinamente por las personas en vez de cómoda y uniformemente recibidas por correo. Por no mencionar el tema de los recursos necesarios para fabricar y enviar tal cantidad de máscaras, la libertad de correo en una dictadura como la mostrada, etc. Un programa como el emitido por el personaje de Stephen Fry, la parodia del Líder a ritmo de Benny Hill, no hubiese sobrevivido en antena más de dos minutos en una dictadura real. La pirueta final de involucrar al lugarteniente del Líder en la muerte del mismo es enrevesada, confusa, aunque tristemente necesaria si no quieres que (como en el cómic) al Líder se lo cargue Rose, personaje y subtrama eliminadas de la película por obvias razones de metraje. Etc.

Pero por otra parte, y aquí es donde debéis agarraos con fuerza a la silla, niños y niñas, hay momentos en los que… ¿Podré?

¿Me atreveré a decirlo?

Hay momentos en los que es mejor que el tebeo original.

Ya está. Ya he pecado. Soy un hereje.

Pero antes de que encendáis los mecheros para mandarme a la hoguera de la Inquisición Española, dejadme que me defienda un poco. En mi siempre modesta, seguramente errada y herética opinión, hay un personaje tan mejorado que parece nuevo y dos personajes que son simplemente mejores.

El personaje casi nuevo es el encarnado por Stephen Fry, Gordon Dietrich. En la obra original, parece que todos los súbditos del estado policial de Inglaterra están encantados con el nuevo orden, o son demasiado borreguiles como para plantarle cara o al menos intentar engañarlo. Que, en la película, V no sea el único resistente (aunque Gordon Dietrich no vaya por ahí poniendo bombas, cada uno resiste como puede) es un punto a favor del film. ¿Es la intención de los Wachowski representar mediante Dietrich a la opción de resistencia dialogada (¿como trasunto del Partido Demócrata, quizás?) como opción esencialmente inútil a la hora de combatir a un estado totalitario, abogando firmemente por la resistencia armada representada por V? Pues sinceramente, no lo sé. En todo caso, se agradece el detalle de su presencia. Es un personaje que resume, con su fina ironía mezclada con una voluntad de hierro y digna ausencia de miedo, lo mejor del pueblo inglés, al socaire de la resignada, flemática pero férrea resistencia que demostraron durante los bombardeos nazis en la Segunda Guerra Mundial.

El segundo personaje mejorado es ni más ni menos que Evey. Evey, en el original, es constantemente una niña pánfila que siempre ha necesitado una figura paterna, hasta que en las últimas páginas y completamente empujada por las circunstancias decide, por fin, erigirse como dueña de su propio destino… emulando y sustituyendo a su última figura paterna. Completamente a remolque de la acción en todo momento, es sólo al final cuando la vemos tomar dos decisiones conscientes e independientes: respetar el anonimato de V y finalmente, aceptar su manto.

La Evey de la película es radicalmente distinta: es una persona independiente de V, una persona que ha sido traumatizada por presenciar la muerte de sus padres a temprana edad pero que no ha sido anulada por dicho trauma; una persona adulta capaz de tomar sus propias decisiones y de vivir con ellas. Una persona que se atreve a contradecir a su progenitor, a discutir con él y a refutarle con convicción, pese a que sabemos en todo momento que V es superior intelectualmente. Alguien que, libremente, decide abandonar a V como respuesta a su tortura: acepta la tortura y el lavado de cerebro de V como algo necesario, y lo agradece… en sus propios términos. Necesita un tiempo para meditarlo, aceptarlo y aceptarse a sí misma como la nueva y mejorada Evey. Y cuando regresa con V, lo hace cuando ella quiere, no empujada por las circunstancias.

Un tercer punto a favor de la Evey de la película es algo que a mí mismo no me convencía demasiado nada más terminar de ver la película: la historia de amor. Yo tampoco comprendo la necesidad hollywoodiense de meter con calzador una historia de amor más o menos prominente en (casi) todas sus historias y, francamente, en esta parecía sobrar en todo momento. A pesar de que, en el original, V y Evey se declaran mutuamente su amor al menos un par de veces, parece que el amor de Evey por V no es ni más ni menos que un nada disimulado complejo de Elektra; mientras que el de V por Evey no pasa de ser algo puramente fraternal.

En la película el amor entre ambos es, aparentemente, mucho menos complicado a nivel psicológico. V está enamorado de Evey y parece que ésta le corresponde. Es otro de los pasos diseñados arteramente por los Wachowsky para humanizar al personaje: en el tebeo, V cumple únicamente el papel de Pygmalión con Evey, moldeándola fríamente para que llegado el momento ésta tome, libremente (¿seguro?), la decisión de reemplazarlo. V, aunque también Pygmalión en la adaptación fílmica, es más decididamente Fantasma de la Ópera. ¿Pero acaso no es una respuesta normal? ¿No es normal que una persona que vive sola, consumida por el rencor de la venganza y que obviamente sufre y se avergüenza de sus quemaduras se enamore del único contacto humano que tiene? ¿No es normal que magnifique en el recuerdo a la persona que ha empezado a respetar, quizás a amar, cuando esa persona se marcha de su lado? ¿No es normal que sufra y se culpe porque esa persona se ha marchado de su lado porque, aunque la intención fuera buena, la ha torturado? ¿No es normal que, al verla volver, abrigue la esperanza de que quizás ella también lo ame, a pesar de todo?

El V del tebeo es algo más que un hombre: es un mito, una idea, un arquetipo, un superhéroe. Nietzsche y Thoreau en un sólo hombre. Uno se puede enamorar de una idea, pero ésta no te va a devolver las atenciones. El V de la película es, al final, un hombre. Un hombre extraordinario, pero un hombre al fin y al cabo, tan capaz de la venganza más fría como del amor más apasionado, un V capaz de crecimiento, de cambio. El V del tebeo no tiene ninguna utilidad una vez cumplida su misión, que consiste simplemente en tomarse su venganza y derrocar al gobierno. El propio Moore reconoce este hecho cuando mata al personaje y entrega el futuro de esa sociedad a alguien más templado, menos extremo, como Evey y el resto de los supervivientes: simples seres humanos. El V de la película, en cambio, hubiera podido tomar parte perfectamente de los cambios necesarios después de derrocado al gobierno, porque ha demostrado que es capaz de cambiar.

Y creo que una vez dicho esto, ya puedo decir cuál considero que es el tercer personaje mejorado por la película: el propio V. Y con esto la herejía es total.

Resumiendo y aclarando: no, no creo que la película sea mejor que el tebeo. Considero que el tebeo es más completo explicando muchos puntos y cerrando muchos agujeros que la película, por obvias necesidades de metraje (es una película, no una miniserie de la HBO de diez capítulos), obvia o se salta. Y, obviamente, el tebeo es el material original. Pero la película me ha parecido una más que digna adaptación, que realza e incluso mejora el original.

Y, fervientemente creo que en lugar de rasgarnos las vestiduras deberíamos alegrarnos de esfuerzos como el realizado por los Wachowsky: no han convertido V en una simple franquicia vendedora de muñequitos, ha respetado y mucho el material original y han presentado un producto digno, que respeta la esencia de las ideas que Moore puso en esa obra de arte conocida como V de Vendetta. Con que sólo uno de los espectadores de V se compre el tebeo, y se lo lea, y le haga pensar, yo me daría por satisfecho.



1.- A pesar que la descripción se ajusta no, no estoy hablando de Dios. Me refiero a Alan Moore. Y no, no son lo mismo.
2.- Quien sacrifica sus libertades esenciales en aras de una seguridad temporal, no merece ni libertad ni seguridad.
NOTA.- No quiero terminar esta reseña sin hacer una mención especial a Armando Carreras, el designado para doblar a Hugo Weaving en esta película. No la he visto en versión original aún, y por lo poco que suena en el trailer me ha parecido un trabajo excelente de Hugo Weaving,… pero el trabajo de Armando Carreras y del resto del equipo (por no mencionar a los traductores) me ha parecido sencillamente excepcional, a pesar de las dudas previas que algunos abrigaban. Esto es España. Quejarse es gratis.

La polémica V

17 April, 2006

Escrito por Gellar | Categorías: Reseñas, Adaptaciones a cine

El otro día, entre tapas y cervezas, Grendel y yo nos veíamos seducidos por la idea de pasar de comentar V de Vendetta. Sí, pondríamos en el título del blog: "Arkham: el blog que no comentará V de Vendetta". Pero entre jojojo, mwuahaha malignos, caí en la cuenta de que se lo habíamos prometido a nuestro (único) lector, Juan Antonio Palomares. Grendel, hábilmente, me recordó que había sido YO la bocazas, así que enarbolando mi deber moral, me dispongo a comentar un poco la película. Si no la has visto, no sigas leyendo, quedas advertido, voy a poner los spoilers que me salgan de los dedos.

Alan Moore decidió que no quería aparecer en los créditos de la adaptación cinematográfica (Fuente: Alan Moore Fan site). Lo que tiene mucho que ver con:

a) Mr. Moore se digustó mucho y rompió lazos con DC en 1989, cuando la editorial le incluyó "Suggested for mature readers" en algunos de sus comics. Supongo el puritanismo americano le sentó como una patada en su Britishness, pero las malas (y seguramente acertadas) lenguas dicen que los roces con DC venían ya de largo. Llegamos a la conclusión de que todo lo que tenga que ver con esta editorial, le suele cabrear bastante.

b) Habló con Larry Watchowski, que raro es, porque se dice que el mayor de los Watchowski no está últimamente muy accesible. Venga, tengamos un momento Aquí hay salsa Worcester, toma cotilleo. Volvamos a la conversación W/M. Moore Le dijo con claridad que Hollywood le había tratado muy malamente (From Hell, La Liga de los hombres extra-ordinarios, mucho miedito nos da Watchmen), y que no quería tener nada que ver con otra adaptación cinematográfica de sus comics. Aparte, también volvió a andar a la gresca con sus editores de DC. Así que al final, quitaron su nombre de los créditos de la peli, lo entristeció a Dave Lloyd-Hardy, que echa de menos ver a su Laurel-Moore al ladito, pero qué se le va a hacer, la industria del cine es así de despiadadamente lucrativa.

Quería haberme mantenido en un aislamiento mediático semejante al que se someten los miembros de un jurado, pero no me ha sido posible, ergo he leído opiniones de todo tipo, ergo dar la mía me parece insustancial, pero todo sea por Palomares.

Hasta ahora he defendido que el lenguaje visual del comic es una cosa y el lenguaje cinematográfico otra. Evidentemente, interactúan, se puede apreciar en muchas películas enfoques de cámara imitando a ciertas viñetas que han marcado la historia de los tebeos y, con la nueva ola de dibujantes comiqueros, muchas viñetas rozan la movilidad cinemática. Pero son dos cosas distintas, pienso que no puedes adaptar viñeta a viñeta un cómic a la gran pantalla, ni tampoco una película fotograma a fotograma en formato tapa blanda.

Arriesgándome a ser apedreada por toda la eternidad, como adaptación V de Vendetta no me parece mala. Es más, me gusta.

Inevitablemente mucha gente está esgrimiendo el argumento de que está demasiado matrixiada (no sé si existe esa palabra, cosecha propia), vamos, que es muy Matrix. Desde 1999 algo cambió para siempre en las películas de acción y deberíamos ser todos conscientes. Dentro de unos años, llegará otra obra maestra de acción que le dé otra vuelta al género, mientras, Matrix dirige. Su influencia está ahí, y más siendo su director y sus productores cerebros de Matrix, pero este "estilo" sólo me chirría en un par de escenas.  

Había algo muy importante en V de Vendetta el comic (en adelante VFVC) que ahora mismo carece de fundamento científico, el concepto de que una guerra nuclear podría delimitarse a ciertas zonas y no salir de ahí, con lo que en V de Vendetta la película (desde ahora VFVP) se cambió por el envenenamiento masivo de una población debido a un virus letal que algunos terroristas malos malísimos soltaron. Con ese suceso, un partido claramente fascista hace su escalada hacia el poder. Aunque en algunas opiniones que he leído se defienda que no se demuestra la existencia de una derecha radical, yo creo que queda bastante claro. Fijémonos, por ejemplo en los símbolos asociados al partido, la gesticulación hitleriana del Líder cuando da sus discursos frente al público, o el control absoluto y total de la información y de los medios.

Este Partido empieza la represión gradual, terminando en un despotismo a saco, de los detractores del gobierno. También comienza a retirar las obras de arte de la calle, guardándolas en depósitos (aquí he de decir que tuve un momento Equilibrium bestial).

De este ambiente de represión y tiranismo, en ambos VFVC y VFVP nacen V y su Vendetta. Sus súper poderes vienen de la experimentación que sufrió en un campo de concentración gubernamental en el que estaba confinado por disidente.

Bien, aquí me paro y paso a explicar el que para mí, es el punto más flojo de VFVP. V es algo inmortal, es etéreo, es un semidios, es algo intangible, algo en lo que se cree a ciegas, es un concepto. Es una idea. En VFVP, humanizan demasiado a V. ¿A qué coño viene eso de que casi al final de la película, mientras agoniza, le confiese a Evey que está enamorado de ella? WTF? Craso error.

Debido, supongo, a exigencias de metraje, al Líder no se le otorga el papel que tiene en VFVC. Simplemente vemos a un megalómano histérico ladrando a sus subordinados a través de una pantalla. Si esto, ya de por sí, es bastante penoso, su fin lo es aún más. Otro punto flaco.

Como supliendo la trama del Líder en VFVC en VFVP nos meten a la figura de Dietrich, el presentador, el intelectual gay que protege a Evey en su casa.

Por lo demás y para ir terminando esto, que creo que hasta aquí pocos habéis llegado, víctimas de un aburrimientos incontrolable, sí, me gustó la escena del ejército de ciudadanos vestidos de V. Me pareció algo muy simbólico y emotivo. Otra licencia en cuanto a VFVC.

Y hasta aquí por hoy, que estoy cansada y necesito una cerveza. Seguramente me habré dejado mil cosas en el tintero, pero para eso están los comentarios. Sed todo lo polémicos que queráis.

Tema diseñado por Jay, modificado por